4.3.11

Las ciencias de la palabra


Eventualmente, se puede curar con poesía.
Pero no se puede hacer un método de esa cura.
Las seudociencias son territorio del absurdo.

Vale la pena reposar en la poesía. Y en el absurdo.
El exceso de fe en la razón, a la larga, embrutece.

14 comments:

ADENOZ said...

Pero del embrutecimiento por la ciencia se puede volver.
Del absurdo, de lo místico, de la ensoñación, de la superstición, quedás atado.

Matias. said...

Yo para sumergirme en
"mundos paralelos" prefiero la narrativa, la poesía en cambio siempre me parecio un genero que se mueve entre lo empalagoso y lo solemne.

Saludos.

Horacio Gris said...

El método es opuesto a la poesía, casi por definición.

saludos!

Mensajero said...

Adenoz,
Ojo que el absurdo no merece siempre la compañía de la mística y la superstición.
A veces el absurdo produce resultados brillantes. Inesperados, irrepetibles.
Pero siempre que no sea la consecuencia de una acción fallida, en ese caso sí queda pegado al ridículo.

Matias,
En la literatura también elijo la prosa, pero cuando digo poesía casi en oposición a "ciencias de la palabra", intento rescatar la majestuosidad de la palabra no sometida a ningún utilitarismo, sea este económico o académico.

Horacio,
Por ahí va la cosa.
Permitir que la palabra surja y en lugar de intentar asirla, dejarse arrastrar alegremente por su vuelo como quien pùdiera agarrarse al lomo de un gran pájaro salvaje.

Almafuerte said...

Hay terrenos en los que cada uno se siente más cómodo, pero no habría que descartar ninguno y usar todo lo necesario.
Buscar un equilibrio entre razón y poesía, entre pensamiento e intuición. Una situación inestable y cambiante a la que hay que adaptarse y ajustar todo el tiempo, como navegar o surfear. Necesitás la tabla de la razón, pero también percibir el viento y las emociones.

Bueno, creo que me fui a la miercoles. Avisen a prefectura para que me traigan de vuelta.

Mensajero said...

Almafuerte,
Es interesante transitar los muchos espacios disponibles.
Ya mandé a la prefectura.
Paciencia.
Mientras espera aproveche para terminar The intelligent woman`s guide to Atomic Radiation.
Lectura muy oportuna se eligió. Sí, sí.

Occam said...

¡Ni que lo diga! Mire si no, cómo escriben los médicos...

Yo frecuenté a un doctor homeópata, e iridiólogo también. Lo hacía casi por curiosidad, porque mi familia lo quería mucho, casi hasta la veneración, desde el punto de vista humano, y porque había atendido a mi abuelo 3 décadas atrás, al que, aunque no había podido salvarle la vida, le había mitigado el sufrimiento con la magia de "las palabras buenas", como diría, el viejo Freud.

No sé si me hizo bien o mal. Yo me sentía bien, pero también es cierto que en una persona joven aún, con un respetable estado físico y una progresiva consciencia para morigerar los vicios, eso suele ser lo corriente.

En fin, lamenté mucho su reciente muerte. En él había algo chamánico inexplicable, una serenidad y una bondad sanadoras. Su consultorio, una casa vieja en Constitución, estaba decorado con los cuadros que pintó él mismo. Empezó a pintar cuando le dieron 3 meses de sobrevida, y vivió 10 años más pintando y sanando.

Como Borges, que a dos semanas de su muerte, se puso a estudiar árabe intensamente en Ginebra. Hace poco leí "Pabellón de Reposo" de Camilo José Cela. Son los relatos y diarios íntimos de un grupo de tuberculosos en su último tramo de vida antes del tránsito final, que se entrelazan y van conformando la novela. En ellos prima la angustia, la esperanza mística, la histeria, los nervios aguzados del tísico, y una mórbida obsesión por la evolución de su cuadro, por la cantidad de esputos, por el tamaño de las gotas de sangre, por las hemoptisis... A CJC lo criticaron mucho tantos médicos como tuberculosos por ese libro, que fue apareciendo periódicamente por entregas en un diario. Decían que influía mal en los enfermos. El insistía en que sus personajes representaban esos tipos humanos o a esas pulsiones a los que los que aspiran a sanarse deben necesariamente rehuir u oponerse. Para el genial gallego la salud no estaba en la razón, evidentemente. Y nada tenía que ver con la proximidad o la lejanía de la muerte.

Un cordial saludo.

Occam said...

Adenoz: No estoy seguro de lo que usted afirma. Más vale me parece lo contrario. Fíjese cómo el hombre occidental perdió desde el humanismo la idea de trascendencia, a un punto en que ya no puede ni siquiera representarse mentalmente ese concepto que fue general y permanente en todo tiempo y en toda cultura humana a lo largo y a lo ancho del mundo, al extremo de constituir, quizás, la piedra de toque de nuestra conflictiva existencia, tensión dialéctica entre lo ínfero-demónico y los superior-trascendente.

Un cordial saludo.

Occam said...

Matías: Quizás necesite usted una orientación al respecto. Le sugiero visite alguna vez a Vicente Huidobro, a César Vallejo, a Arthur Rimbaud, a Charles Baudellaire, a Oliverio Girondo, a Jorge Luis Borges, a Jacobo Fijman, a Enrique Gómez Correa, a Hölderlin, a William Blake...
La poesía, como la música, son los dos géneros del arte más abstractos, las creaciones humanas más sutiles y sobrehumanas. Claro está, y no lo niego, como pasa con la música, hay muchas poesías malas, como muchos malos poetas. Quizás demasiados. Pero no se desaliente y siga buscando. Las cosas buenas siempre han sido un bien escaso y casi siempre esquivo a las primeras miradas.

Un cordial saludo.

Mensajero said...

Occam,
Tengo mis reservas respecto a la homeopatía, pero el pediatra de mis hijos lo es.
No es un homeópata fundamentalista, es lo suficiente pillo como para recetar antibióticos eventualmente.
Creo que los homeópatas han ocupado un lugar que dejó vacante la alopatía, el del médico familiar, ése que como usted bien señala, ya nos hace sentir bien con sólo con visitarlo.
La medicina actual se ha desentendido del humano enfermo y lo redujo a un síntoma, a una patología.
Sin entrar en discusiones técnicas sobre la validez de que cantidades tan minísculas de "veneno" puedan tener algún efecto curativo, la homeopatía nos libera de tomar infinidad de medicamentos innecesarios, ya que la mayoría de las dolencias simples por las que visitamos al médico, se curan con sueño, ayuno y afecto.
Una especulación ¿el efecto placebo no está relacionado con el grado de confianza que depositamos en él?
Y si es así, se podría masificar el suministro de placebos (y pretender que sean efectivos) si no se contara con un corpus que lo sostenga?
Un saludo.

Occam said...

Mensajero: Completamente de acuerdo. Aclaro por las dudas que el homeópata al que me refiero también recetaba antibióticos para casos de infecciones o bacterias. Pero apostaba a ese corpus de placebos o de soluciones con reducciones de la carga tóxica hasta el extremo molecular, según cada uno, aparentemente con buenos resultados. Creo que en el fondo todo pasa por ahí. Por considerar que lo primero es el paciente desde el punto de vista humano. Tengo hoy día convalesciente a un amigo que, con dificilísimos antecedentes médicos desde joven, y una bastante atendible propensión a la hipocondria, ha gastado toda su fortuna en médicos, exámenes, remedios, e internaciones, y cualquier problema que tiene (el más reciente fue un reflujo, como el que tiene tanta gente) se transforma en un problemón, con más de una intervención quirúrgica, remedios de todos los colores, reposos prolongadísimos... A veces me parece que todo lo que le hacen es lo que más lo enferma. Ah, sí, todo muy científico, por cierto.

Un cordial saludo.

Roedor said...

La poesía no sirve para nada.

Por eso es tan valiosa.

Con el ala herida said...

El encuentro con la belleza salva al hombre. No hay más vuelta que dar.

Recomiendo la lectura de Descenso y ascenso del alma por la belleza de Marechal.

Mensajero said...

Occam,
Para la medicina de hoy, nada mejor que un hipocondríaco.
Saludos.

Roedor,
Para una pintada su comentario.
Saludos.

Con el ala herida,
La belleza y el humor deben estar siempre, por lo menos, en el botiquín de primeros auxilios.
Saludos.