Sería un poco exagerado definirme como fumador.
Fumo uno o dos cigarrillos por día.
Pero sólo de lunes a viernes, cuando trabajo.
Aunque puedo eventualmente fumar en una reunión social si la situación amerita.
Más que adicto al tabaco, siento una atracción irresistible por el SECTOR PARA FUMADORES, espacio contracultural dónde los marginales tabaquistas conspiran, complotan y se divierten, mientras el sector salud continúa con la rutina.
Si el jefe es fumador es maravilloso lo que ocurre. Porque arrastra a la terraza, al patio o a la vereda a un séquito ávido de participar de ese espacio privilegiado en el que el diálogo es distendido y predispone al acercamiento que surge de la complicidad en lo mal visto.

10 comments:
Usté vendría a ser como un
voyeur del tabaquismo no?..
Así es Chori.
Aunque a veces, me sumo a la partuza.
Un abrazo.
Pero ésto es la Argentina. Contracultural es respetar el semáforo, plancharse la camisa y pagar las expensas.
Almafuerte
Muy buen punto.
Saludos.
Me voy a comprar un atado entonces y a ser participe de estas reuniones ludicas.
Saludos.
Matias, no hace falta, yo solamente fumo convidado.
Esta línea de pensamiento es la que banco. Más de una vez me he planteado dejar de fumar. Siempre caigo en la misma: En las conspiraciones que me pierdo.
Relato,
A mi espacio ya se han sumado conspiradores laicos, de pulmón limpio. Yo exijo que al menos consuman café.
Brillante. Me siento plenamente identificado. Yo dejé de fumar en el trabajo y en la vida cotidiana. Reservo el hábito para la distensión con amigos, y sobre todo si hay alcohol de por medio (una pareja entusiasta). Pero no pude desapegarme totalmente a ese viejo compañero de ruta. Es uno de los duelos más tristes que uno puede afrontar. En gran medida, porque está vinculado con esa complicidad contracultural, con esa rebeldía del resistente, que emerge aun con mayor fuerza cuando las aves de rapiña de lo "físicamente correcto" se ponen a revisar el prontuario de adicciones de alguien que palma joven.
Y le agrego otro espacio distendido: el de la vereda a la puerta de un restaurante, por la noche, luego de comer opíparamente. Allí se juntan en ronda los fumadores, se llevan afuera la copa de vino, charlan en una intimidad mágica de las cosas que no se tratan en la "mesa grande" de la reunión general, mientras adentro los no fumadores (me imagino) se cagan de embole. Puede ser que no sea tan así, pero, ¿cómo hago para luchar contra una intuición tan fuerte? ¿Tendré que recurrir a la ayuda de los adventistas del séptimo día?
Un cordial saludo.
Occam,
¡La vereda, haciendo puerta en el restaurant!
Me hizo recordar una noche mágica, hace un par de años, cuando la veda comenzaba rabiosamente, en la vereda de La Brigada (la de Recoleta, será que me aburguesé pero ahora la prefiero antes que a la de San Telmo) junto a una pareja de alemanes y a un grupo de ingleses en pleno invierno.
Un abrazo.
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