12.7.11

Antipolítica

"- Los sapos de la laguna huyen de la tempestad,
los chiquitos dicen tunga y los grandes tungará.
Soy de Salta, y hago falta, y hago falta, y hago falta".

Paula y Daniel cantaban al borde de la ruta.
En el cartel, que oficiaba de caja, se leía: "Buenos Aires 2000 km".
Estaban en medio del desierto, allí donde lo inmenso genera extrañas sinapsis en el cerebro e incita a creer que la libertad es posible.
Arrastraban una inmensa bolsa repleta de pulóveres de alpaca.
La imagen no representaba efizacmente la característica comercial del viaje que los había llevado hasta allí, al norte de la República Agentina, a la majestuosa provincia de Jujuy, donde supuestamente, conseguirían las apreciadas artesanías que tan demandadas eran en la capital del país.
Desde una perspectiva económica, las cosas no estaban saliendo según lo planeado.
Los coyas resultaron ser astutos negociantes, y las piezas obtenidas, apenas alcanzaban la mitad de las calculadas inicialmente.
Días después, en Buenos Aires, descubrirían que el valor obtenido por su venta, no lograría pagar siquiera los costos del viaje.
Pero ese momento revelaba el verdadero sentido que dejaría la travesía.
Todo había sido un pretexto para la aventura.
La baguala coronaba una de las experiencias más genuinas de sus vidas: en ese punto de la ruta los había dejado, antes de perderse por un camino de tierra, el conductor de un camión arenero, que les permitió subir al acoplado, y viajar recostados sobre la arena mirando las nubes.
Y aunque muy poco tiempo después dejarían de verse, estaban ya hermanados para siempre por esa experiencia compartida, por ese fugaz destello de felicidad que les había permitido confiar, durante algunos kilómetros, en la posibilidad de encontrarse en el otro.

3 comments:

Occam said...

¡Qué bella evocación! Yo trabajé durante un año entre Salta y Buenos Aires, yendo a La Linda todas las semanas. Aproveché naturalmente la oportunidad para gastar los tamangos, y visité y revisité Cafayate y su valle marciano, Cabra Corral, Güemes, San Antonio de los Cobres, Cachi y su impresionante camino, y por supuesto, la quebrada de Humahuaca.
Obsesionado por un poncho salteño, dejé pasar la oportunidad de llevarlo por $ 40 de Purmamarca, a sugerencia de un amigo local. En Humahuaca me lo ofrecieron a $ 35, pero mi amigo me volvió a sugerir que lo comprara en Tilcara. La noche iba cayendo, y yo comenzaba a desesperar. Verdaderamente, $ 5 de más o de menos no me movían el amperímetro. En la feria de la plaza de Tilcara lo encuentro, y le pregunto a la nena que atendía (una coya de unos 10 años) que cuánto salía. Me dice $ 35. "Lo mismo que en Humahuaca". Al final, tanto lío para esto. "Bueno, me lo llevo". Cuando le pago con dos billetes de $ 20, la nena me dice: "A ver, espere, que no estoy segura del precio. Le voy a preguntar a mi papá, que está en el café de enfrente". Ahí sentí que me habían empomado. Cruza la nena, y enseguida vuelve agitada y me dice: "Perdone, el precio del poncho era de $ 29", y me da $ 11 de vuelto.
Nunca me voy a olvidar de esa anécdota, de la calidad humana que disfruté en los más desolados paisajes, y de lo cerca del cielo que me sentí en todo momento. También cuando otro changuito, de no más de 6 años, me recitó por las calles de Humahuaca un extensísimo poema épico, a cambio de una moneda de $ 1. Él quería ganársela, no aceptaba limosna.

Un cordial saludo.

Almafuerte said...

Encontrarse con el otro (aunque sea por un rato) es un evento raro y excepcional.

Mensajero said...

Occam
Jujuy es mi tierra natal.
He sido muy ingrato con ella ya que volví menos veces de las que semejante lugar lo merece.
Pero cada vez que lo hago, aunque apenas viví allí mi primer año de vida y pasé algunas vacaciones de verano en casas de tíos y abuela, siento una serenidad que no logro explicar.
¡Sabio el orgullo del changuito trovador!
Un abrazo.

Almafuerte
Coincido.
Por eso atesoro esos momentos.
Saludos.